Café y alcohol, agentes protectores contra el Párkinson: especialistas
- benjamin Lara
- 3 abr 2023
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El neurólogo Carlos Martínez aseguró que tomar tres tazas de café diario y consumir alcohol, paradójicamente, se han convertido en alguno de los factores protectores contra desarrollo del Parkinson, enfermedad neurodegenerativa caracterizada por la pérdida progresiva de neuronas productoras de dopamina en el cerebro.

“Hay factores protectores, curiosamente, el alcohol y consumo de café, tres tazas por día, se ha descrito que protegen contra el Parkinson, por supuesto, la actividad física regular y la alimentación adecuada”, explicó Martínez, especialista en Parkinson tras comentar que esta enfermedad, por su complejidad, ha sido estudiada desde diversos enfoques y uno de ellos ha sido la cafeína y el alcohol.
“Son estudios que se han hecho en pacientes y se ha visto en los mismos que tienen menos posibilidad de desarrollar Parkinson, lo que no debe tomarse como una invitación a convertirse en alcohólico”.
En el Día Mundial del Parkinson, que se conmemora cada 11 de abril para recordar a los 10 millones de pacientes en el mundo que viven en esta condición neurodegenerativa, Marie Stella Perry compartió su historia.
En casa “mi nieta me veía como una bruja de cuento”, relató Perry, paciente con Parkinson. Su cara rígida, ausente de expresividad alguna como dibujar una sonrisa, propiciaba también mucho miedo entre los niños a los que les daba inglés.
En 2007, Perry fue diagnosticada con Parkinson —catalogada la segunda enfermedad neurodegenariva después de Alzheimer— y, a partir de ese momento, se enfrentó a situaciones como extremas como lentitud en la marcha, pérdida del equilibrio, la imposibilidad de desplazarse en espacios pequeños como su casa o subir escaleras debido a que una de sus piernas estaba paralizada.
Perry formaba parte de ese grupo donde la enfermedad afecta a 50 de 100 mil personas, dos hombres por cada mujer. Su condición comenzó a deteriorarse a pesar de la toma de medicamentos y de la rehabilitación.
Por eso, en mayo de 2020 decidió colocarse un implante de estimulación profunda, basado en la colocación de dos electrodos en el cerebro que descarga corrientes eléctricas en núcleos específicos para inhibir tanto la rigidez —que presentan el 30 por ciento de los afectados— como los temblores involuntarios —que afecta al 70 por ciento de los pacientes—.
La labor del dispositivo es producir una estimulación eléctrica en esas áreas específicas, dotándolos de dopamina, explicó Jesús Fonseca Cosío, especialista en neurocirugía en el Centro Médico Siglo XXI, del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), donde han colocado más de 250 aparatos de Estimulación Cerebral Profunda (ECP) a los que cumplen con los criterios médicos, entre estos, carecer de factores de riesgos como la diabetes.
Con anestesia local y sin causar somnolencia al paciente, debe mantenerse alerta y seguir instrucciones, se coloca un marco a especie de corona que se fija en el cráneo y se hacen las perforaciones. Se introducen los electrodos que generan corriente eléctrica a determinada frecuencia y por debajo de la piel se injerta una batería en el área del pectoral, misma que es visible, para que el paciente recargue el dispositivo con energía eléctrica que se irá ajustando de acuerdo con la valoración.
“Es la mejor terapia para los pacientes. Se coloca electrodos dentro del cerebro, en zonas muy específicas, por ejemplo, en el núcleo ventral intermedio para controlar los temblores; núcleo subtalámico con exceso de temblor y efectos secundarios a los medicamentos, y la intención es reducir la toma de terapias, y en el lóbulo parietal que ayuda a los pacientes con discinesia, es decir, que tienen contracturas, sufren de exceso de dolor y tienen rigidez”, explicó.
“El generador se conecta a una tableta por bluetooth y con ella ajustamos a los parámetros, para ello, el paciente en plena cirugía debe de decir cómo se siente. Se impacta en el movimiento, la rigidez, se disminuye el dolor. Se mejora su calidad de vida”, dijo Fonseca Cosío luego de comentar que en el sector privado esta intervención supera los 15 mil dólares.
Un grupo multidisciplinario y ético, comentó, analiza al paciente ideal, que sea menor de 65 años, con adecuada respuesta a la terapia levodopa y sin contraindicación por padecer diabetes, hipertensos, con cardiopatías o cuya condición eleve el riesgo muerte.
“Se está procurando intervenir de manera temprana y no cuando esté muy deteriorado el paciente”, aseveró tras referir que este tipo de dispositivos también son candidatos para usarse en pacientes con adicciones a drogas, a la comida, con depresión severa, entre otros.
La duración del aparato es de 15 años en promedio, aunque algunos deben ser reemplazados cada 5 años. “Estamos operando alrededor de 60 pacientes al año en el IMSS”, aseveró.




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